Una dieta adecuada y un estilo de vida saludables pueden reducir en gran medida el riesgo de aparición o desarrollo de las enfermedades cardiovasculares. Por ello, es deseable que ya desde la infancia, los niños adopten dichos hábitos, de modo global, y sobre todo aquellos grupos con mayor riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares en la edad adulta como son quienes sufren de dislipemias (en especial, hipercolesterolemia), tienen diabetes u obesidad, los niños sedentarios y los que tienen familiares con antecedentes de cardiopatía isquémica precoz.
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